UNA HISTORIA DE RESISTENCIA, BARRIO Y LIBERTAD - CAP 10
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1 / 3CAPÍTULO 10 — LAS NUEVAS GENERACIONES: EL RUIDO NO MORIRÁ
La escena alternativa del siglo XXI
En los primeros años del nuevo siglo, el rock mexicano vivió una bifurcación. Por un lado, las bandas de los años noventa —Caifanes, Café Tacvba, Maldita Vecindad, Molotov— habían alcanzado el estatus de clásicos vivientes y seguían llenando estadios en giras de reunión. Por otro lado, una nueva generación de músicos que habían crecido escuchando tanto a esasbandas como a Radiohead, Sonic Youth y My Bloody Valentine comenzó a construir una escena alternativa más fragmentada pero extraordinariamente creativa.
El Vive Latino, festival fundado en 1998 que se celebra anualmente en el Foro Sol de la Ciudad de México, se convirtió en la vitrina principal de este nuevo ecosistema: un espacio donde convivían los clásicos del rock nacional con bandas emergentes, donde los géneros se mezclaban sin pudor y donde la identidad latinoamericana del rock en español era celebradacomo un orgullo.
El underground que conquistó el mundo
Lo que nadie esperaba —ni la industria, ni la prensa musical, ni los propios músicos— fue que a partir de mediados de los 2010s, una serie de bandas del underground mexicano comenzarían a atraer la atención de medios y sellos internacionales de la misma manera en que lo había hecho el grunge de Seattle en los noventa.
Bandas como Margaritas Podridas, El Shirota, Mengers, Austero y Sgt.?Papers comenzaron a conseguir cobertura en medios especializados de Estados Unidos y Europa, reseñas en Rolling Stone en inglés y contratos con sellos independientes de gran prestigio como Sub Pop y Suicide Squeeze. El Shirota, originario de las afueras de la Ciudad de México, evolucionó de banda de garage a explorar los territorios del psicodélico, el krautrock, el black metal y el alternativo de los noventa. Margaritas Podridas formó parte del club de Singles de Sub Pop, el mismo sello que lanzó a Nirvana y Sonic Youth.
La nueva generación mexicana está siguiendo los pasos de sus mayores pero en nuevos idiomas musicales: post-rock, grunge, surf, shoegaze, noise rock. Y están encontrando audiencias en todo el mundo sin necesidad de renunciar a cantar en español ni de negar su origen.
Neza en el siglo XXI: el rock prehispánico
Nezahualcóyotl, mientras tanto, sigue produciendo artistas que llevan la tradición local a territorios inesperados. Los Cogelones son quizás el ejemplo más extraordinario: formados en 2009 en el barrio del El Sol de Nezahualcóyotl, los hermanos Sandoval combinan el punk rock con instrumentos prehispánicos de la civilización azteca —caracoles, teponaztles, flautas de barro— y letras en náhuatl, creando lo que ellos mismos llaman rock mexica experimental.
Su tío les presentó simultáneamente la música de The Ramones y el idioma náhuatl. De esa combinación improbable surgió un sonido que es, al mismo tiempo, profundamente local y profundamente universal: música que conecta a Neza con Tenochtitlan, que tiende un puente entre el siglo XVI y el siglo XXI, que dice que el pasado no está muerto sino vivo y electrificado.
La herencia sonora: el streaming y la nueva difusión
Las plataformas digitales han transformado radicalmente la forma en que la música de barrio circula. Un sonidero rockero de Neza puede hoy subir una grabación de su evento a YouTube y tener visibilidad en Los Ángeles, Chicago y Houston —ciudades con enormes comunidades de migrantes nezahualcoyotlenses— en cuestión de horas. Las redes sociales hancreado comunidades virtuales de fans del rock urbano que mantienen viva la cultura del sonidero rockero más allá de las fronteras geográficas.
Esto no significa que la tradición se haya diluido en lo digital. Los eventos siguen ocurriendo en las calles de Neza cada fin de semana. Las tardeadas siguen reuniendo a familias completas. Los jóvenes que hoy tienen veinte años bailan a El Haragán con la misma pasión con que sus padres lo bailaron en los ochenta.
El final que no es final
La historia del rock and roll en México es, en última instancia, la historia de una resistencia. Resistencia contra la represión gubernamental, resistencia contra el estigma social, resistencia contra el mercado que no quería saber de ella, resistencia contra el olvido.
Desde los bares de Tijuana donde Javier Bátiz aprendía el blues hasta las calles de Neza donde los nietos de El Abuelo del Rock montan sus bocinas cada viernes, el hilo conductor es siempre el mismo: la música como acto de dignidad colectiva, como afirmación de que existimos y que nuestra historia merece ser contada y cantada.
El ruido no morirá. Seguirá sonando en los callejones, en los salones de barrio, en los patios de las vecindades y en los corazones de todos los que alguna vez encontraron en una guitarra eléctrica la voz que el mundo les negaba.
Fin
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